No conocía a este pintor sueco, pero bastaron unos minutos para darme cuenta de que su obra tiene algo especial. La luz, la naturalidad de las escenas y esa pincelada suelta que parece casi improvisada.... pero no lo es.
La manera en que Zorn capta la luz es impresionante, especialmente en la piel y en el agua. Sus cuadros parecen rápidos, casi inacabados, pero cuanto más los miras, más sentido tienen. Sus retratos y escenas cotidianas tienen una elegancia muy natural, sin artificios.
En suma, es una exposición que no necesita grandes efectos para atrapar. Todo es bastante sencillo.... y precisamente ahi está su encanto. Es un pintor que merece la pena mirar con calma.
Estará en la Fundación MAPFRE, Sala Recoletos, hasta el 17 de mayo.
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